Es frecuente que personas entusiastas de este sistema recurran al médico para conocer el “diagnóstico", o sea el nombre, de su padecimiento
La gente cree que es necesario saber si se trata de apendicitis o pulmonía para aplicar convenientemente mi régimen de salud. Esto es un error fundado en un criterio médico curandero
Este sistema no busca dolencias específicas, sino que ve enfermos en los que no se trata de sofocar síntomas, sino de normalizar el funcionamiento de la máquina humana mediante buenas digestiones y actividad eliminadora de la piel
Todo esto se consigue con el EQUILIBRIO TÉRMICO del cuerpo.
Para controlar el proceso restaurador observaremos el pulso y las evacuaciones intestinales del enfermo. A medida que las pulsaciones de un adulto se acerquen a 70 por minuto, podemos estar seguros de que la temperatura interior de su cuerpo está en el camino de normalizarse. La vuelta del calor a la piel y las extremidades revela que baja la fiebre interna. Si el intestino se descarga diariamente con abundancia, tendremos comprobada la eliminación por esa vía. Pero como no basta con eliminar bien para tener buena digestión, es preciso asegurar una buena asimilación digestiva. Excrementos abundantes, compactos de color bronceado y libre de mal olor, nos demostrarán que el organismo ha aprovechado los alimentos ingeridos y que con ellos la sangre ha incorporado elementos adecuados para la salud integral. A la inversa, los excrementos escasos, mal olientes, diarreicos o endurecidos, manifiestan desnutrición e intoxicación
Mayor resistencia al frío con calor en la superficie del cuerpo y sus extremidades, facilidad para sudar, erupciones cutáneas, flujos, fistulas, etc., son otras tantas manifestaciones de la normalización de las funciones de la piel y las mucosas
El aumento de la tos, los desgarros y la orina cargada demuestran expulsión de materias nocivas al organismo. La vuelta del apetito significa restablecimiento de la capacidad digestiva. Pérdida de carnes y peso durante el tratamiento, manifiestan activa eliminación de materias extrañas. Este síntoma no debe alarmar al enfermo, no olvidemos que el organismo sólo elimina lo que le perjudica, jamás lo que necesita.
Dolores, punzadas, ardores, comezones y molestias de esté tipo, revelan que el Régimen de Salud está provocando reacción y defensas orgánicas que remueve materias morbosas que van a ser expulsadas. Cualquiera que sea, pues, el nombre o manifestación de las dolencias de un enfermo, el proceso morboso desaparecerá por regeneración de su sangre, mediante buenas digestiones y activa eliminación cutánea. Para conseguir esta normalidad funcional del organismo, como hemos visto, es preciso restablecer el equilibrio de las temperaturas interna y externa del cuerpo afectado. Todo lo dicho sólo puede ser dirigido y controlado por la propia persona interesada, sin intervención extraña, salvo excepciones. Tengamos siempre presente que la salud no se obtiene por mano ajena, ni menos con drogas o agentes de laboratorio. De aquí que la voluntad y comprensión del enfermo es el primer agente de su salud. Por fin, en el curso del tratamiento, la salud tendrá avances y retrocesos que no deben alarmar, porque sólo se llega a la normalidad por etapas. Así ocurre en la Naturaleza: del invierno no se pasa inmediatamente al verano, es preciso soportar antes las variaciones de la primavera. Terminamos este capítulo, presentando un modelo de tratamiento para enfermo crónico adulto. Siguiendo este régimen podrá restablecer su salud cualquier persona que la haya perdido y también ella se mantendrá sana mientras lo practique. Todas las aplicaciones que vamos a prescribir se dirigen —no a curar— sino a normalizar la digestión y las eliminaciones, colocando cada día el cuerpo en Equilibrio Térmico
Ver: PUNTO DE PARTIDA DE LA CURACIÓN
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