La suciedad de la piel es absorbida, pasando al interior, y la limpieza externa purifica también el medio interno, es por eso que con toda razón decía Priessnitz: “Las enfermedades se curan mejor por fuera que por dentro.”
Con la misma razón que diariamente nos lavamos la cara y las manos, debemos también lavarnos todo el cuerpo, pasando, al levantarnos de la cama, desde el cuello hasta la planta de los pies, una toalla empapada en agua fría, ya sea para volver al lecho o para iniciar el día inmediatamente sin secarnos
La limpieza no se reduce a nuestra persona sino a todo cuanto nos rodea: La casa y especialmente la recámara en donde se duerme deben estar libres de polvo y debe ser aireada y asoleada
Para mantener la limpieza interna, una persona en estado normal de salud debe realizar una ablución de agua fría al despertar, dormir con la ventana abierta, desayunar frutas o ensaladas y evitar comer productos animales, especialmente la carne y también los excitantes como el café, el té, el cigarro, etc.
Los adultos que viven en una ciudad tendrán en el LAVADO DE SANGRE un recurso indispensable para mantener la pureza orgánica

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