Estaba estudiando en la universidad la carrera de medicina, cuando se vio obligado a interrumpirla y no volvió a reanudarla porque se dio cuenta del fracaso de la medicina para recobrar su salud
Durante muchos años fue tratado por profesores y especialistas médicos de Santiago de Chile, con cuyos gastos elevados por sus servicios sólo obtuvo ponerse peor de sus dolencias que fueron complicándose cada año y además vaciaron sus bolsillos
Ante tanto fracaso de la llamada ciencia médica, lo desahuciaron, dándole unos meses de vida. Y en ese preciso instante pensó: “me doy por vencido en mi empeño de librarme de mis males, que me hacen intolerable la vida y me resigno a morir a corto plazo”
Huyendo de si mismo, llegó un verano a un pueblo del sur de Chile y la noche anterior a su regreso a la capital, un monje capuchino tropezó con él a la salida del balneario y, mirándole fijamente le preguntó: “¿Has venido a verme?” - no padre, le contestó. - “Anda a mi consulta, porque estás muy enfermo”, agregó él. Era el Padre Tadeo de Vicent que, sin buscarlo, la Divina Providencia ponía en su camino para salvarle la vida
Tragándose el orgullo profesional que a los alumnos se les inculca en Medicina, se presentó a la consulta del Padre Tadeo, quien observando su garganta le dijo: “Da gracias a Dios de estar aquí, porque estás tan enfermo que, si no sigues mi tratamiento, te vas a morir muy luego”
A pesar de comprender la gran verdad y gravedad de este juicio y, sintiendo que cada noche era la última de su vida, le dijo que poseía certificados de exámenes de sus profesores, que eran médicos, que decían que había ausencia de microbios de la infección sifilítica en su cuerpo y que ahora era sólo víctima de neurastenia (fatiga de los nervios)
- “Te equivocas tú y se equivocan los médicos, la enfermedad la tienes en la sangre”, le replicó el Padre Tadeo
Y recibió el “remedio” que constaba de: paseo con los pies descalzos por el rocío de la hierba al salir el sol, frotaciones y chorros de agua fría a distintas horas del día; envolturas de todo el cuerpo, alternando con vapores de cajón, excursiones con subidas a colinas, etc.
Aun cuando le parecía increíble que con estas originales prácticas pudiera recuperar su salud perdida, se sometió a ellas con puntualidad y constancia y antes de que pasaran quince días de este tratamiento, para Manuel se abrió un nuevo horizonte de felicidad y bienestar desconocido, pero, al mismo tiempo apareció abundante flujo uretral que los médicos le habían “curado” años anteriores, impidiendo su expulsión del cuerpo y obligando a éste a retener esas materias corrompidas que le causaron inflamación en próstata, estrechez de la uretra y hasta retención de orina. También se le hincharon los ganglios de las ingles, axilas y cuello, apareciendo además erupciones y llagas en todo su cuerpo
Con estos síntomas volvió, Manuel, a la consulta y le dijo al Padre Tadeo: “Me estoy pudriendo, Padre, vea lo que me pasa”…, a lo que el padre le contestó: ”Te estas salvado, ahora vas a expulsar la enfermedad que los médicos te echaron en la sangre”, fue su respuesta
Más de un año estuvo su cuerpo eliminando pus por la uretra, llagas y postemas (abscesos de pus que supuran), sin notar ninguna complicación y sintiendo cada día la felicidad de vivir como nunca antes había conocido y por la que Dios gracias, conservó hasta la edad de 79 años, que se dice pronto pues corría el año 1959 cuya esperanza de vida era de unos 55 años
Ante la vivencia de estos hechos, se dio cuenta que las drogas eran incapaces de devolver la salud perdida y que ésta sólo podía mantenerse y recuperarse, mediante la acción de los agentes vitales que ofrece la Naturaleza en el aire, la luz, el sol, el agua, la tierra (lodo), frutas y vegetales crudos
Tomó entonces la determinación de dedicar su vida entera al estudio, práctica y difusión de la verdad en cuanto a salud se refiere, la que providencialmente había llegado a conocer al margen de la medicina facultativa
Durante nueve años siguió al lado del Padre Tadeo conociendo las sabias enseñanzas y sus prácticas
Cuando este sabio capuchino alemán se marchó de Chile para ir a curar a los leprosos en Colombia, Manuel se dedicó a estudiar las obras de sus maestros, especialmente del célebre cura de Woerishoff, monseñor Sebastián Kneipp
La salvadora experiencia del sistema kneipp, que no era otra cosa que lo que le había aconsejado el padre Tadeo, le llevó al estudio de los otros grandes maestros:
Priessnitz, kuhne, rikli, just, Bidaurrazaga, etc.
Sin embargo, no encontró en ellos la doctrina filosófica que explicara el porqué de la recuperación de su salud y aunó puntos de vista por ellos expuestos, cogiendo de ellos lo mejor de cada uno mejorándolo y desechando lo superfluo
También conoció la Iriología. El estudio de numerosas obras sobre este tema lo llevó a la conclusión de que nada aprovechable había en el examen del iris de los ojos si se hacía separando órganos, porque el iris indica si uno se encuentra bien y que órganos pueden estar afectados, pero nunca dan un diagnóstico
Como fruto de sus observaciones y experiencias le llevó a formular su doctrina térmica que tiene como base de normalidad en el funcionamiento del cuerpo humano. Esta idea fue cada día comprobándose con el examen del iris de los ojos de miles de enfermos y sanos que en el transcurso de más de 40 años pudo observar
Nació así la Doctrina Térmica, que viene a ser la piedra angular que fundamenta en forma evidente los diversos sistemas de los maestros que han dado vida al Naturismo Universal y explica sus éxitos
Como lo expone en su libro “El iris de tus ojos revela tu salud”, su Doctrina Térmica, por primera vez en la historia, saca el problema de la salud del trillado campo de la patología y terapéutica en que hasta la fecha se ha debatido en el mundo y lo coloca en el terreno de la temperatura
Este nuevo concepto que conquistará el campo de la salud, viene a dar forma propia al Naturismo, sacándolo de la actual confusión y anarquía
Gracias a esta doctrina, las personas sabrán a qué atenerse, porque quedan bien separados los campos de la medicina alopática, con sus teorías convencionales, y el Naturismo, con su Doctrina Térmica, perfectamente bien comprobada por el iris de los ojos humanos y sólidamente fundamentada y demostrada por las leyes de la Naturaleza
La vida civilizada lleva al hombre al desequilibrio de las temperaturas de su cuerpo, haciendo que tengan fiebre a diario en sus tripas con los alimentos cocinados e industrializados y debilitando el calor de su piel con demasiadas ropas y abrigos inadecuados. De aquí el origen de todo desarreglo funcional que se inicia con resfriados e indigestiones
Louis Kuhne afirmó que “no existe enfermo con buena digestión, ni sano con mala digestión y con piel debilitada e inactiva”. Esta es la única razón del por qué los sistemas naturistas de hoy en día se encaminan a conservar o restablecer la salud, unos fortificando la piel con aplicaciones frías (de aire o agua) y otros refrescando las entrañas del sujeto con baños derivativos del bajo vientre, aplicaciones de barro y dieta refrescante de frutas o ensaladas crudas
La Doctrina Térmica permite establecer, por el examen del iris, porque se ve reflejado, la necesidad que existe en todo enfermo de afiebrar su piel y refrescar sus entrañas
Esta doble finalidad es siempre preciso realizarla para obtener la normalidad funcional del organismo, es decir, conseguir su salud integral
La Doctrina Térmica viene a completar las leyes naturales ya conocidas como fundamentales en la ciencia de la salud, así tenemos que “no hay enfermedades, sino enfermos, es decir intoxicados”, o sea individuos con falta de salud por desequilibrio térmico del cuerpo en grado variable. Aquí se comprueba que todo es un mal, en otras palabras, que se está intoxicado por mala digestión, de ahí que la temperatura tanto interior y exterior a de ser de 37 º C, y tener un pulso de 70 ppm.
Además, “sólo cura la Naturaleza”, y para que ello sea posible es necesario poner al cuerpo en Equilibrio Térmico.
La ciencia que se ocupa de las enfermedades es un inútil convencionalismo y no es necesario la aplicación de terapia alópata
Así que el problema de la salud se convierte en una cuestión de temperaturas del cuerpo, debido a la vida civilizada, ésta la desequilibra, alterando con ello la normalidad funcional del organismo, es decir, causando la “enfermedad”
El no saber sobre la Doctrina Térmica ha conducido al error de que muchos autores naturistas hablan de acciones microbianas, infecciones y fagocitosis. Y sin embargo, caen en la contradicción de condenar drogas, sueros, vacunas, etc., que tienen por objeto actuar sobre estos “microbios”.
La terapia naturista que conoce la Doctrina térmica, sin darse cuenta la ha justificado, sin haber sido estudiada a fondo, porque en ella se usa el agua fría en el tratamiento de la personas enfermas y como es lógico, este elemento natural, es incapaz de matar microbios, pero es indispensable para normalizar las temperaturas del cuerpo, siempre víctima de fiebre o calentura
Cuando se conoce la Doctrina Térmica, la principal acción se reduce a mantener el cuerpo en Equilibrio Térmico mediante el cumplimiento de la ley natural y todo procedimiento curativo debe dirigirse a restablecer dicho equilibrio, afiebrando la piel del enfermo y refrescando sus entrañas (haciendo que la piel se enfrié por acción del agua fría y el calor del vientre se refresque con esta acción pues sube a calentar la piel), de acuerdo con las revelaciones del iris de los ojos que siempre delata variable congestión digestiva y falta de calor de la piel del sujeto
Es debidamente probada en las obras de Manuel Lezaeta Acharán, la verdad de su Doctrina Térmica, como solución del problema de la salud del hombre, sólo falta difundirla al máximo para que llegue al conocimiento de las masas como bandera de redención liberadora de la esclavitud moderna impuesta por la tiranía médica, cuyos intereses prosperan a la sombra de la ignorancia en cuanto a Salud se refiere
Así como toda la fuerza y organización de la medicina profesional se fundamenta y ampara en la teoría microbiana, la fuerza y organización del Naturismo debe fundamentarse en su Doctrina Térmica. Sobre esta base, absolutamente inamovible y científica, debemos emprender la
conquista de la salud, presentando un frente unido que permita vencer el error, ilustrando al público sobre la superioridad de nuestros principios y procedimientos para alcanzar los beneficios de la salud individual y colectiva
Y ahora, volviendo al caso personal de D. Manuel Lezaeta, el desengaño experimentado en carne propia le obligó a dar la espalda a la Medicina y le llevó a estudiar derecho, hasta obtener su título de abogado el año 1904
Después de muchos años, el destino había determinado que su profesión de abogado, y sin ejercer ante los tribunales de justicia, se dedicara a la defensa de los derechos de la salud y de la vida de sus semejantes. Tal vez los condenados a muerte por la medicina necesitan la intervención de un abogado para salvar su vida
Y para terminar, definimos que la Doctrina Térmica es la que enseña al hombre a mantener o recuperar su salud mediante el equilibrio de las temperaturas interna y externa de su cuerpo
“Esta doctrina es ciencia de la salud al margen de la medicina».

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