El aire que se respira debe ser siempre puro y no debemos olvidar que a lo largo del día respiramos una cantidad de aire cuyo peso es seis veces mayor al de los alimentos sólidos y líquidos que consumimos. El aire puro es el alimento de los pulmones y es el primero de los alimentos y de los “medicamentos”
En efecto, el aire es alimento porque con él introducimos en nuestro cuerpo energías atmosféricas indispensables a la vida también sustancias gaseosas como el oxígeno y el nitrógeno que, en los pulmones, se combinan con la sangre nutriéndola y purificándola
El aire es un “medicamento” porque transforma la sangre venenosa impura en sangre arterial pura
Para que el aire sea un alimento conveniente a nuestras necesidades y un eficaz purificador de la sangre es preciso que sea puro, es decir, de composición normal, tal como la Naturaleza nos lo ofrece, libre de contaminaciones malsanas y exento de olores y emanaciones corrompidas, sin mezclas con gases tóxicos, ni polvo, humo u otras materias extrañas
El aire puro se encuentra fuera de las poblaciones y lejos de las fábricas, donde hay mucho espacio y sol, en las playas, en el campo y en las montañas. La vecindad de los bosques, especialmente de pinos o eucaliptos, ofrece un aire cargado de aromas saludables y, en general, el aire asoleado del campo, la playa o la montaña, nos proporciona más elementos útiles y aprovechables. Lo que ahora llaman baños de bosque
Para aprovechar los elementos vitalizadores del aire puro es preciso saber respirar. Las personas que llevan vida sedentaria y hacen poco ejercicio físico puede decirse que respiran a medio pulmón, porque sólo se despliegan las vesículas receptoras del aire con respiraciones profundas y prolongadas
El ejercicio físico al aire libre es el mejor aliado de una buena nutrición pulmonar. Las personas incapacitadas para la vida de movimientos al aire libre pueden hacer gimnasia respiratoria en casa, frente a una ventana o puerta abierta. Con la boca cerrada, introduciendo pausadamente el aire por la nariz se procura respirar con amplitud, elevando el pecho, para lo cual conviene apoyar las manos en las caderas y, afirmando éstas, elevar los hombros
Estas respiraciones se deben repetir a lo largo del día y especialmente al levantarse y antes de ir a dormir. Unos pocos minutos diarios de estos ejercicios favorecen la purificación del fluido vital y activan la circulación en el cuerpo, pues los pulmones son los órganos que sirven de bomba aspirante e impelente del fluido vital y el corazón desempeña sólo el papel de regulador de la circulación sanguínea
De una buena respiración depende, pues, la parte más importante de la nutrición y de ella se deriva un riego sanguíneo normal de los órganos y tejidos de todo el cuerpo. El aire debe llegar a los pulmones a través de todo el tubo respiratorio que comienza por la nariz. La respiración por la boca denota anormalidad en la nariz, los pulmones o la garganta
Si el aire puro es necesario para conservar la salud, más indispensable es aún para recuperarla, pues, más que nadie, el enfermo necesita incorporar elementos de vida y expulsar las impurezas que malean la sangre y perturban sus funciones. De ahí la necesidad de que la habitación del enfermo permanezca bien ventilada día y noche, aun en tiempo frío. También es preciso evitar la presencia en el dormitorio de todo foco de impurezas, ropa o trastos sucios, materias orgánicas de fácil descomposición, plantas, flores, etc.
Al igual que todos los órganos del cuerpo, los pulmones dependen del proceso digestivo para su desarrollo, vida y funcionamiento. Un vientre repleto o en fermentación de su contenido, presionando el diafragma, que es la membrana que sirve de tabique de separación entre los órganos del pecho y los del vientre, reduce la capacidad respiratoria. Y los vapores que se desprenden del vientre como consecuencia de fermentaciones pútridas del intestino afiebrado suben a través de los tejidos porosos, penetrando en los pulmones para condensarse y depositarse en ellos a causa de la diferencia de temperaturas. Estas materias dificultan más la circulación de aire y de la sangre en los tejidos pulmonares, debilitan su vitalidad y resistencia y preparan el camino para las afecciones de esos órganos
El examen de iris de los ojos de un enfermo de los pulmones siempre denuncia un estado más o menos avanzado de antiguo, graves y prolongados desarreglos digestivos. Por otro lado, recordemos que la fiebre interna común a todos los enfermos, al acelerar el ritmo cardíaco congestiona los tejidos pulmonares estrechando su capacidad de aire. Esto explica la dificultad para respirar y la angustia respiratoria de las víctimas de afecciones febriles intensas


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